
Mucho se ha hablado en estos días de la polémica decisión de la directora de la Ópera de Berlín, Kirsten Harms, de suspender la representación del atrevido montaje de Hans Neunfels del texto de Mozart "IDomeneo", en el que se representa la renuncia humana a las religiones a través de la decapitación de sus figuras más relevantes. Pues bien, la comunidad occidental, a través de sus políticos y representantes de la cultura, ha coincidido en un porcentaje bastante alto en lamentar y reprobar dicha decisión pero, antes de valorarla positiva o negativamente, convendría tener en cuenta algunos aspectos.
Hasta el momento, no se conoce el alcance de las supuestas amenazas recibidas por la dirección alemana pero se ha de reconocer abiertamente que las circusntancias que han llevado a esta decisión no se basan en el pre-supuesto respeto por la confesión islámica, de igual modo que no se basan en el respeto al cristianismo o al budismo, que son representados de igual modo en dicho montaje. Se basan únicamente en el miedo a las reacciones de los radicales islámicos y, por tanto, son criticables desde el prisma occidental. Los valores de las sociedades democráticas residen en los derechos del individuo, entre los que se incluyen inexorablemente el derecho a la libertad de expresión y de creación. Si sucumbimos ante la amenaza terrorista, el terror ha ganado la partida. Esto es cierto.
Pero ... ¿no nos estaremos rasgando las vestiduras ante una decisión civil, probablemente basada en la voluntad de proteger a un grupo de personas mientras aceptamos hipócritamente otros recortes de libertades, igualemnte fundamentales, impuestas desde los propios gobiernos?. ¿Cómo podemos calificar entonces las medidas adoptadas en aeropuertos de todo el mundo?. ¿Acaso no se han suspendido vuelos en EE.UU. y en Europa ante otras amenazas anteriores?. ¿Miedo o prevención?. ¿Que ocurriría si se desoyeran unas amenazas creíbles y el resultado fuese trágico por omisión?. Difícil cuestión.
La convivencia entre sociedades no puede basarse en la imposición de los valores de una de ellas sobre la otra. No podemos ni debemos aceptar el chantaje del terror islamista del mismo modo que no podemos "democratizar" a base de tanques y bombardeos las culturas y sociedades basadas en el Islam. Lo que cada vez parece más evidente es que la única solución al conflicto Occidente-Islam pasa por el reconocimiento mutuo de ciertos valores fundamentales de las culturas contrapuestas. Y debemos encontrar aquellos puntos coincidentes en ambas sociedades y ahondar en ellos para que sirvan como herramienta de comunicación, de comprensión y aceptación de la personalidad plural global. Aunque, por los mensajes que se reciben desde uno y otro lado, no parece que hayamos tomado la senda correcta.
























