martes, 26 de abril de 2005

59 "amables" segundos


Confieso que no he presenciado todos los debates que el estricto programa de TVE estrenó la pasada temporada. Ni siquiera he terminado de ver alguno de ellos. Y todo porque lo que había empezado como un foro de discusión política que no existía en ninguna cadena (excepto algunas tertulias matutinas) se parecía por momentos a los más exquisitos debates escatológicos de las noches de Sardá. Pero asistir a sesiones con directores de periódicos o cadenas de radio, redactores jefes, comentaristas, analistas y políticos hambrientos pero educados, analizando la actualidad política y social, tanto nacional como internacional, bien moderados por una siempre sonriente y pacificadora Mabel Mendizábal, se había convertido en mi opción prioritaria para la noche de los lunes. Pues bien, coincidiendo con el primer aniversario del gobierno socialista, 59 segundos dedicó el programa al repaso de la gestión de Zapatero al frente del Gobierno. En esta ocasión, el presidente se enfrentaba, por decirlo de alguna manera, a un grupo de periodistas compuestos por el director del diario El Mundo, Pedro J. Ramírez, Margarita Sáenz-Díez, redactora jefe de El Periódico de Cataluña, Consuelo Álvarez de Toledo, columnista de ABC, y un inusual Vicente Jiménez, subdirector de El País, que eligió un cuiroso día para volver al plató. Nada de pólíticos de otros partidos y nada de extremistas. Ignacio Villa, director de informativos de la Cadena Cope y Carlos Carnicero, comentarista de la Cadena Ser, lo vieron por televisión. El primer detalle de censura por parte del programa ya es significativo, aunque la ausencia del sr. Villa es más que argumentable, vistas y oídas sus intervenciones incendiarias de los últimos programas. La ausencia del también usual Carlos Carnicero puede deberse a todo lo contrario. La defensa hasta el infinito y más allá por parte de algunos periodistas de los discursos de PP y PSOE y su elevado tono en otros días no era, evidentemente, lo que convenía con el presidente del gobierno. El resultado fué un programa hecho a medida en la que sólo Pedro J. parecía, a veces, incordiar a ZP en su oratoria triunfalista. Uno tras otro fueron tratando los temas principales de su gestión, y para todos ellos, Zapatero tenía una frase, un eslogan, que su Gabinete de Comunicación tenía preparado para él. Blandas preguntas de sus entrevistadores, quizás contagiados por un exceso de meloso talante, llevaron el debate hacia donde quería y, a ratos gustándose, se preocupaba constantemente por girarse hacia su principal adversario de la noche para incrementar la credibilidad de sus respuestas. Gran trabajo el del gabinete del Presidente, que tenía que reaccionar ante la caída de 18 puntos en la imagen de su jefe. Ayer fué otra noche en la que no terminé de ver el programa, aunque esta vez no fué por el tono marciano de los tertulianos sino por todo lo contrario.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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