
Existe en nuestro país una realidad nacional más antigua que la presentada por PSOE e IU en el texto sobre el nuevo Estatuto andaluz, y no es otra que la titulitis. Es el nombre vulgar que la sociedad ha acuñado para esa enfermiza obsesión por obtener un reconocimiento titulado, la forma antes que el fondo, para que pueda ser reconocido por propios y extraños. Ocurrió durante décadas en el sector empresarial a la hora de diseñar sus plantillas de trabajadores (los másters pasaron a ser cuasi obligatorios) y está ocurriendo absurdamente en el ámbito político a la hora de redactar los proyectos de los nuevos estatutos.
Nación, comunidad nacional, nacionalidad histórica, realidad nacional, ¿?, ... cualquier título vale siempre que contenga una raiz etimológica de la familia Nación. Incluso en autonomías con escasa tradicion nacionalista se alzan voces exigiendo la rúbrica de estas definiciones en los textos. Esta mañana tenía la oportunidad de ver parte del debate parlamentario sobre el nuevo Estatuto de Andalucía y comprobaba cómo el debate se desviaba de su contenido principal (competencias y transferencias) al dichoso título definitorio. En la proposición presentada por los socialistas, con el apoyo de Izquierda Unida, Andalucía se define como una realidad nacional.
Pues vaya novedad!!! Pero, ¿es que acaso existe una sóla comunidad autónoma en España que no sea una realidad nacional? ¿es que Cataluña no es una realidad nacional? o ¿no lo son Extremadura o Canarias? ¿en que mejora o empeora Andalucía al definirse de manera tan ... ridícula?
En esta lucha fraticida que se ha abierto tras la aprobación del ya manido Estatut catalán, corremos el riesgo de derrochar los esfuerzos necesarios para lograr un consenso inteligente y beneficioso para los ciudadanos en una lucha partidista e ideológica acerca de las definiciones del título preliminar. Lo dicho, titulitis.
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