
No se me ocurre mejor excusa para volver al blogeo activo, suspendido temporalmente por razones que no vienen al caso, que el arriesgado pero esperanzador proceso de paz -como califican algunos- abierto recientemente en el País Vasco. A pesar de que no ha existido una declaración tajante por parte de la banda terrorista ETA de abandonar definitivamente el terrorismo -incluido el chantaje y la extorsión- como vía para la solución del llamado conflicto vasco, cabe otorgar cierta confianza en que así sea, sobre todo a partir del mitin celebrado por Batasuna en el velódromo de Anoeta, hace casi un año y medio, y su paralelismo con el mensaje de la banda. Desde la llegada al poder del PSOE, en marzo de 2004, hasta la declaración de ETA del pasado 22 de marzo han transcurrido dos años de intensísimo debate político en el que tuvo una especial atención la presentación y el posterior rechazo por parte del Congreso de los Diputados del plan soberanista del lehendakari Ibarretxe. El Partido Popular recriminó al Gobierno su política antiterrorista, le acusó de romper el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y convirtió este argumento en el principal azote contra los socialistas. En todo momento Zapatero ha exigido al Partido Popular su lealtad en política antiterrorista y en su discurso se podía entrever que en los despachos de Moncloa se cocía algo. Es posible que Zapatero haya pecado durante este periodo de exceso de secretismo político. Es probable que, de haber compartido parte de la información de la que disponía con el principal partido de la oposición, así como con otros agentes implicados en este complejo entramado, el ambiente de crispación podría haberse relajado. O nó. Lo que sí es seguro hasta la fecha es que se ha llegado a un escenario esperanzador para una solución definitiva. Todas las partes implicadas han subrayado que el proceso será largo y complicado. Evidentemente nadie olvida las anteriores treguas frustradas por ETA y a nadie se le escapa la dificultad para volver a encuadrar a Batasuna dentro de las opciones políticas, sobre todo después de que el Parlamento Europeo la declarara ilegal y la incluyera dentro del listado de organizaciones terroristas. Pero es una cuestión de responsabilidad. Todos, incluídos Gobierno y oposición, deberán demostrar su predisposición para solucionar todos los problemas que se planteen. Pero por supuesto, la primera en demostrar dicha predisposición debe ser la izquierda abertxale, y para ello debe aclarar lo antes posible la aparición de nuevas misivas dirigidas a empresarios vascos reclamando de nuevo un impuesto revolucionario. Es absolutamente imprescindible que el entorno abertxale no permita que surjan escisiones duras, al tipo del IRA auténtico, que puedan dilapidar todo el trabajo realizado hasta ahora.
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