
Si antes de la tragedia de Nueva Orleans se hubiese preguntado a los estadounidenses sobre la conveniencia de que su país suscribiese el protocolo de Kioto probablemente la mayoría no habría sabido de qué se estaba hablando y otro gran porcentaje habría asegurado que EE.UU. (o América, como le llaman ellos) no puede permitirse el lujo de frenar su crecimiento económico debido a las limitaciones en las emisiones de gases contaminantes. Desde 1997, fecha de entrada en vigor del protocolo de Kioto, 129 países se han sumado a dicha "limitación", con porcentajes variables dependiendo de las circunstancias propias de cada industria. La Administración Bush decidió no ratificar dicho protocolo y los negociadores de su Gobierno encabezaron un grupo compuesto fundamentalmente por Australia, Canadá, Japón, Nueva Zelanda y Rusia que buscaba dinamitar el acuerdo. Finalmente, estos países terminaron firmando el acuerdo, no así EE.UU., que se autoexcluyó de las responsabilidades globales argumentando que no existía una relación directa entre la contaminación atmosférica y el cambio climático mundial. Hay que tener en cuenta que EE.UU. es el principal emisor de gases del planeta pero, al igual que ocurriera con los atentados del 11-S , ha tenido que vivir en sus propias carnes una tragedia de la magnitud del Katrina para darse cuenta de que ningún país es invulnerable ante este tipo de catástrofes y de que este tipo de decisiones, unilaterales e insolidarias, pueden volverse en su contra. Según datos de un reciente informe de la Agencia Espacial Europea, el agujero de la capa de ozono tiene ya una dimensión equivalente al continente europeo -diez millones de kilómetros cuadrados- y sigue creciendo. La sucesión de tragedias naturales (terremotos, inundaciones, huracanes) no hacen sino demostrar la enorme influencia de esta capa protectora en el clima y precisamente EE.UU. es uno de los países más amenazados ante este cambio. Tras los terremotos de Irán o el azote del tsunami en Indonesia, el huracán Katrina ha golpeado la sensibilidad mundial y vuelve a plantear el problema del desarrollo y el respeto por el medioambiente. Aunque no parece probable que la administración Bush, que se ha caracterizado por la actitud prepotente, insolidaria y unilateral, modifique su política mediambiental, sí se abre un debate para la sociedad norteamericana, que se ve escandalosamente excluida de estos temas alegando una política basada en la seguridad nacional.
7 comentarios:
¡Viva la manipulación! Hablamos del clima pero metemos terremetos y maremotos en el mismo saco "a ver si cuela". Por cierto, Australia tampoco ha firmado Kyoto. Y el acuerdo alternativo de EEUU se ha firmado.
El Sitio Web compartiendo.cl de Santiago de Chile, felicita y comparte el planteamiento expuesto. Por ello, hoy Viernes 16 de Sept. 2005 nos hemos permitido reproducirlo integramente en nuestra Sección "Opine".
Nuestro sitio es abierto y participativp. Somos laicos católicos que buscamos unir más que dividir en todo esfuerzo por rescatar la dignidad de la persona humana, eliminado la discriminación, las exclusiones, las intolerancias, fundamentalismos, las inequidades de una pobreza que siendo algo solucionable es pospuesto por intereses mercantilistas que prefieren gastar en armas para defender sus intereses. Nos preocupa la situación de los DD.HH. y su relación con el medio ambiente.
Patricio Gómez Bahamonde
pgomez@compartiendo.cl
http://www.compartiendo.cl/
¿Qué tiene que ver Katrina con los acuerdos de Kioto? ¿Qué tienen que ver los terremotos de Irán, el tsunami en Indonesia o el huracán Katrina con el problema del desarrollo y el respeto por el medio ambiente? ¿No son esto ganas de mezclar churras con merinas?
Your are Nice. And so is your site! Maybe you need some more pictures. Will return in the near future.
»
Publicar un comentario