martes, 23 de agosto de 2005

La incógnita de Gaza


El plan de desconexión de la franja de Gaza, al que estamos asistiendo estos días, pone fin a casi cuarenta años de ocupación israelí en esta zona del territorio palestino. Las contínuas resoluciones de Naciones Unidas, que reconocen un Estado Palestino independiente, han sido una y otra vez pisoteadas por los gobiernantes israelíes, que se han sentido cómodamente respaldados por la administración estadounidense y por un vergonzoso silencio internacional. Esta situación, principal motivo de la inestabilidad de Oriente Medio y gérmen de la radicalización de algunos países árabes, que han visto en Israel al enemigo total, ha provocado miles de muertos durante el transcurso de las intifadas. Curiosamente, el otrora comandante del ejército y responsable de la ocupación israelí, Ariel Sharon, es ahora el principar valedor de esta iniciativa. Para Sharon, el coste de la defensa y la seguridad en la franja de Gaza resulta demasiado elevado, a sabiendas de que, a pesar de la retirada, el aislamiento de la zona y el control israelí sobre ella se seguiran manteniendo. Es por eso que, lo que para unos (los más optimistas) es un gesto inequívoco hacia la paz y la solución del conflicto, para otros no deja de ser una estrategia de Sharon para abandonar unos territorios mínimos y poco rentables y hacerse fuerte en los asentamientos de Cisjordania. Sharon ya ha avanzado que la retirada de Gaza no es un primer paso para una retirada total y que la construcción del muro de defensa alrededor de los territorios ocupados continuará su calendario. Pero, a pesar de la reacción de Mahmud Abbas, presidente palestino, que se ha mostrado cauto al valorar la retirada, hemos contemplado como Hamás y la Yihad Islámica han entrado en los asentamientos desocupados reivindicando la retirada como un triunfo de su lucha armada. La polarización de los extremistas palestinos, unida a la reacción de los ultraortodoxos judíos, que no han dudado en utilizar a sus propios hijos contra los soldados israelíes, no hacen sino presagiar un rebrote de la violencia tras el desmantelamiento de los asentamientos. Si la jugada de Sharon consiste en convertir la retirada de Gaza en un enroque alrededor de Cisjordania la paz aparece lejos, muy lejos...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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