
Ya lo dice el refrán: "Por el interés te quiero, ... Juan José". No podía ser de otra manera. Ibarretxe podrá suspirar finalmente después de que los "votos amigos" de EHAK hayan hecho caer la lendakaritxa de su lado en la segunda sesión de votaciones en el Parlamento Vasco. Las esperanzas de Patxi López y María San Gil de formar un gobierno no nacionalista se han visto truncadas por sorpresa al anunciar la portavoz de los comunistas vascos que, a pesar de que el candidato del PNV no es de su total confianza, les otorgarían los votos necesarios para convertirse en el nuevo lehendakari alegando un "acto de responsabilidad". Algo que no terminaba de quedar claro en base a los coqueteos que los representantes de EHAK habían mantenido con unos y con otros. Desde que se conocieron los resultados electorales el pasado día 17 de abril, estaba claro que EHAK tendría la llave de la investidura y puede parecer que más que conceder un cierto margen de confianza a Ibarretxe, la postura inflexible adoptada por el Partido Popular respecto a los planes del gobierno de Zapatero en relación a un posible diálogo con ETA han terminado por decantar la balanza nó a favor del PNV sino en contra del PP. La primera medida que ha anunciado Ibarretxe es la de formar una nueva mesa de diálogo que permita el retorno de Batasuna a las instituciones; obviamente no hubiese sido la primera medida en un gobierno PSE-PP. Pero hay algo que pasamos por alto: si uno de los pilares del funcionamiento de la democracia radica en la separación total de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), resulta demasiado preocupante la displicencia con que los partidos políticos pugnan con el sistema judicial según les convenga. La ilegalización de Batasuna llegó a través de una sentencia judicial, pero nació en La Moncloa de la mano de Aznar y Zapatero con la denominada Ley de Partidos. La de Batasuna no era la primera vez que se declaraba ilegal a un partido político (mejor no recordar tiempos pasados ...) pero esta vez ocurrió en un contexto democrático. Ahora parece que toca recorrer el camino contrario: atraer al entorno abertxale a las instituciones para facilitar el clima cara a una posible negociación. Aunque seguro no resultará nada fácil en un escenario donde el resto de fuerzas políticas también tienen algo que decir.
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