
Los resultados de las recientes elecciones italianas han dejado más al descubierto, si cabe, las verdaderas intenciones de Silvio Berlusconi, al tiempo que han servido para mostrar la idiosincrasia de un país al que nos parecemos ... demasiado.
La ridícula pataleta que ha montado Il Cavaliere acerca de un posible fraude sobre los votos anulados sólo ha puesto en evidencia su rechazo enfermizo a abandonar el poder.
No podemos olvidar que el todavía primer ministro es el hombre más rico del país; es dueño de la mayor empresa mediática privada y mantiene un control absoluto sobre la pública. Tampoco podemos olvidar que durante su mandato ha conseguido modificar escandalósamente leyes de inmunidad para eludir varios procesos judiciales. Y por supuesto seguía muy presente el apoyo italiano a la guerra de Irak, que ha traido trágicas consecuencias para sus tropas. Mientras, un porcentaje cada vez mayor de la sociedad italiana reclamaba su regreso inmediato. En estas condiciones, y visto desde la distancia, parecía inminente su descalabro político.
Sin embargo, y a pesar de haber protagonizado una campaña electoral bastante imprudente, llegando incluso a llamar coglionis (gilipollas) a los votantes de la izquierda y provocando una respuesta unida de varias formaciones frente a esas manifestaciones, los resultados no se han mostrado suficientemente tajantes. La fuerte personalidad de Berlusconi ha sido su mayor baza, sobre todo si la comparamos con la del candidato de la izquierda, Romano Prodi (ex-presidente de la Comision Europea), que exceptuando los últimos días de campaña se ha mostrado bastante menos incisivo.
Berlusconi ha utilizado su agresividad y sus medios para propagandear que la llegada de Prodi al poder sólo provocaría un desastre económico en el pueblo italiano. A tenor de los resultados, su mensaje llegó a calar entre los italianos, aunque no lo suficiente.
Hace poco leía un reportaje en El Pais Semanal que mostraba un dato que quizá contribuya a comprender la situación: en la actualidad, el número de estudiantes italianos matriculados en las facultades de Comunicación prácticamente cuatriplican a las carreras más tradicionales (ingenierías, económicas o derecho). En un país que gira alrededor de la televisión, ¿quien es el guapo que despide a Berlusconi?.
2 comentarios:
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